Unos pasos son más breves que otros. Unos pasos llevan una vida por delante, y otros dejan una vida detrás.Yo no puedo volver la cabeza y abrir el pasado. Modificarlo, cambiarlo. Pero estoy dando este paso, espera, sí, he dado el paso. Salir de este cuarto. Salir aunque me aterra. Pero... pero es qe tú estás en París... y yo no
domingo, 16 de octubre de 2011
domingo, 9 de octubre de 2011
1 Los planes
Por supuesto, todo viaje debe planearse. O al menos eso es lo que me han dicho. Sin embargo, no estoy seguro hasta donde debe hacerse: ¿es necesario un itinerario minuto a minuto? ¿Basta con que diga que quiero ir a París? ¿O con que diga: "Voy a viajar"? Planear, hacer planes para que nunca se realicen, o para que se lleven a cabo completamente. No lo sé. Sé que quiero llegar a esa ciudad pero no sé cómo. No sé cómo salir en primer lugar de esta habitación. De esta habitación que es mi punto de partida. Porque a veces no es tan sencillo sólo abrir la puerta y salir. Pretextos: no salgo porque yo mismo he perdido la puerta. O tal vez estoy volteando hacia otro lado.
Es decir, yo sé que he atravesado estas paredes infinidad de veces, aunque haya sido sólo para salir a la calle y regresar. Yo sé que he atravesado estas paredes para regresar a la naturaleza y no volver sino hasta que desaparecen los bosques. Pero esta vez se trata de ir por ti. De ir a París y encontrarte.
De viajar con un motivo diferente de sólo moverse. De viajar para encontrarte.
Pero para hallarte primero debo saber dónde estoy yo. ¿Es Realmente este mi lugar? ¿Estas paredes son verdaderas? ¿Por qué no puedo salir de esta habitación? Me asomo a la ventana y te extraño. París, te fuiste a París.
Lo sé, no era para menos: un estúpido como yo no podía esperar menos. Lo sé, tenías tus razones y yo mis errores. Cada una de mis palabras se encargaron de alejarte. Cada uno de mis actos pusieron una piedra de esa vía interocéanica. París. Una ciudad de la que no sé nada y que ahora se me presenta tan lejos como la Luna. O como la puerta de este cuarto.
....
Han pasado varias horas. Las he pasado mirando la puerta. Una puerta que sólo necesita ser atravesada. Pero... pero... pero tengo miedo de que al salir descubra hay millones de personas en París, de que al subir al avión descubra de que hay millones de razones para que te hayas ido, y yo no tenga una sola respuesta para la menor de ellas. Tengo miedo de que simplemente, París sea demasiado hermosa, y tú te hayas confundido con ella. Estoy enamorado y estoy petrificado. París, así estuvieras a la vuelta de la esquina, estás demasiado lejos de mí. Te alejé demasiado, y ahora tengo miedo de atrevesar esa ríducula puerta que me separa de la calle, pero tengo que tomar un avión a París.
París, ciudad Luz, Ciudad Amada.
sábado, 1 de octubre de 2011
Crónica de París - Introito
Cada uno de nosotros tiene su meta. Su Meca dirán algunos. Cada uno de nosotros despierta una mañana y piensa sinceramente en todas las vicisitudes de la existencia misma, y llega a la conclusión de que una peregrinación, un viaje, un traslado, una salida y una llegada lo resolverán todo. Ítaca, Ítaca lo resume todo. O bueno, quizá no. Quizá es necesario nombrar a París. París. París.
París, que un pueblo llamó la Ciudad Luz, y que otro fundo en medio de una isla, junto a un río apestoso. París. París que es y no es, que está y no está. Que hoy tiene reyes y mañana regala al mundo la democracia y la demagogia. París. La Torre, los Campos, los Arcos. Napoleón y de Gaulle, la Nueva Ola y Sartre.
París. Sentado en la rue Morgue, con una baguete y una botella de vino.
Sin embargo, París está tan lejos de mi ciudad, y en París se habla un idioma que no es el mío. Pero hacia allá me dirijo. Y esta es la crónica de un viaje que realmente nunca inicia ni nunca acaba, tan sólo se mantiene itinerante
Suscribirse a:
Entradas (Atom)